Huesca

Bierge, la gema verde de Guara

¿Buen tiempo? ¿Por qué no ir a uno de esos rincones encantadores que esconde la Sierra de Guara? Objetivo: las fuentes de la Tamara y Puntillo. Para ello hay que dirigirse a Bierge, un pequeño municipio del Somontano de Barbastro al cual se han agregado una serie de aldeas, la mayoría de ellas deshabitadas.

La ruta se inicia en el Salto de Bierge, donde podemos contemplar un azud y una modesta central hidroeléctrica que aprovecha la fuerza de las aguas del río Alcanadre, afluente del Cinca. La tranquilidad de estos parajes se ve alterada en las épocas más cálidas por la presencia masiva de bañistas y barranquistas. Como preferimos evitar las aglomeraciones y la naturaleza es mucho mejor contemplarla en silencio, decidimos emprender esta ruta en un día casi primaveral, con un sol que ya ha empezado a despertar de su letargo invernal.

Salto de Bierge
Salto de Bierge

En principio, solo teníamos previsto realizar la ruta de las fuentes pero, en vista de que hacía un día estupendo, decidimos ampliar el recorrido marchando hacia la aldea prácticamente deshabitada de San Román de Morrano (aquí un pequeño extracto de su historia), a unos 4 km del aparcamiento del Salto de Bierge. Este pequeño caserío, ubicado a los pies de una loma a unos 650 msnm y con 6 habitantes censados en 2013, se debate entre la vida y la muerte: casas rehabilitadas o en proceso de rehabilitación y alumbrado público mediante iluminación LED conviven con muros derruidos, tejados desplomados y callejones cortados por la acumulación de escombros.

Unos perros ociosos y un señor cortando leña fueron los únicos testimonios de vida en San Román. Nos llamó poderosamente la atención la presencia de una plazoleta a resguardo de los vientos del norte que constituía un magnífico balcón hacia el Somontano de Barbastro y la Hoya de Huesca, divisándose en el llano pueblos como Sieso y Casbas entre los renacidos prados de cereal. En este magnífico rincón pudimos imaginar esa frescura campestre de las noches de verano, lejos de la contaminación de las grandes urbes.

Vistas despejadas desde la plazoleta de San Román

También se alza una modesta iglesia con advocación a San Román provista de una torre que combina el mampuesto con el sillar y está rematada con ladrillo. La puerta de entrada está decorada con una humilde dovela de ladrillo. A muy pocos metros de la torre de la iglesia, se levanta una sobria cruz de término, escoltada por dos bellos cipreses. Antes de marcharnos de San Román, una inscripción sobre la dovela de una puerta llamó nuestra atención: 1736, año de construcción de esa formidable vivienda, a todas luces habitada o, cuando menos, no abandonada a su suerte.

Casi 300 años de historia condensados en un lugar casi anónimo de la Sierra de Guara. Bella pero cruel metáfora de lo ocurrido en tantos y tantos pueblos de montaña de Aragón, cuyo destino ha sido la despoblación, el abandono y el olvido. Quizá el hecho de que ni siquiera aparezcan en los mapas, los hacen más atractivos a los ojos de aquellas personas que apreciamos la historia que supieron labrar sus gentes.

Iglesia de San Román

Por cierto, en el camino entre el Salto de Bierge y San Román pudimos divisar, en primer término, las cumbres nevadas de los puntos más elevados de Guara: el Tozal de Guara, el Tozal de Cubilars y el Cabezo de Guara; en segundo plano y de un modo avasallador, se puede contemplar la figura altiva de las Tres Sorores, esto es, los picos pirenaicos del Cilindro, Monte Perdido y Añisclo o Soum de Ramond, emblemas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

De nuevo en el aparcamiento, aligeramos el peso de las mochilas y emprendimos el camino hacia las fuentes de la Tamara y Puntillo por el sendero GR 45 que permite patear el Somontano desde Colungo hasta Bierge. Antes de abordar el aspecto natural de esta senda, habría que destacar que los planos de esta ruta no se corresponden con la dureza real de este recorrido. Se califica de «fácil» en virtud, seguramente, de la distancia recorrida, pero no tiene en cuenta su perfil rompepiernas, ya que se enlazan constantes bajadas y subidas en los dos últimos kilómetros, algunas con desniveles realmente fatigosos. Aviso para navegantes: la senda hasta la fuente de la Tamara podría resultar bastante penosa a aquellas personas poco o nada acostumbradas a caminar por la montaña.

Sobresale también la presencia en este sendero de un tramo accesible, perfectamente adaptado para sillas de ruedas, carritos de bebé o cualquier otro medio no convencional en la montaña. Es un tramo de no más de 500 metros de longitud, pero no deja de ser una iniciativa más que loable. Una vez superado el tramo accesible, llega la senda más montaraz del recorrido desde la que se obtienen unas vistas formidables del río Alcanadre que, con paciencia, ha modelado un relieve fluvial admirable.

Si echamos la vista hacia el frente veremos las curiosas formas del Huevo de Morrano o Peña Falconera, unos relieves ovoides modelados en arenisca y conglomerado, y la imponente figura del Cabezo de Guara que se eleva hasta alcanzar los 1868 msnm. Se presentaba, este último, nevado, aunque nos pareció que al final del día había perdido algo de cobertura nivosa debido a las altas temperaturas que habíamos registrado esa jornada.

Llegada a la fuente de la Tamara con el Huevo de Morrano al fondo
Llegada a la fuente de la Tamara con el Huevo de Morrano al fondo

Ya en la fuente de la Tamara, descubrimos un paraíso natural prácticamente virgen en las épocas más frías. Su aspecto cambia radicalmente en verano, ya que es el paso natural de los barranquistas que emergen del estrecho de los Fornazos o de Tamara en dirección, primero, hacia la fuente del Puntillo —que no llegamos a ver por falta de luz— y, luego, hacia el ya conocido Salto de Bierge. A este tramo deportivo del río Alcanadre se le conoce con el nombre del «Barranco de la Peonera».

En este punto concreto, ya en el fondo del cauce del Alcanadre, tan solo vimos a dos parejas con sus niños que recogieron pronto sus bártulos. Comer con la única compañía del rumor del agua es un lujo atípico del siglo XXI. Hicimos el tentempié contemplando distraídos el ascenso de pequeñas burbujas que brotaban desde la propia roca del lecho del río. Es una de las surgencias que alimentan al río Alcanadre en este punto, el cual se remansa en una badina —poza o balsa para los que no vivan en Aragón— de intensísimo color verde esmeralda. La transparencia y el color de estas aguas son deslumbrantes y se asemejan, en reposo, a aquellas gemas brillantes que lucen en los escaparates de las joyerías.

Definición natural del color verde esmeralda
Badina de Tamara: definición natural del color verde esmeralda

Quisimos badear el río a través de unos enormes bloques de piedras colocados al efecto para contemplar el manadero de la fuente de la Tamara, pero no nos fue posible, ya que la pasarela de piedras está incompleta, seguramente por culpa de alguna crecida del Alcanadre. No tardamos en recoger nuestras descargadas mochilas y tomar el camino de regreso, pues la tarde se estaba complicando con la llegada de un aire empapado en humedad, señal de que la lluvia estaba a punto de hacer acto de presencia.

Aunque la vuelta fue más rápida de lo esperado, tuvimos tiempo para contemplar con admiración el funambulismo natural y casi suicida de las cabras que hacían malabarismos en los escarpes para llevarse algo a la boca. En ese momento, recelamos de la tonalidad de sus pelajes desde la lejanía, más acordes con los de las cabras domésticas. Nada que ver con los sarrios o las cabras pirenaicas. Luego, nos enteramos de que esos animalillos temerarios eran cabras asilvestradas, cuyo origen hay que situarlo en los terribles años del éxodo rural, donde muchos ganaderos se vieron abocados a la suelta de su ganado ante la imposibilidad de rentabilizarlo en la gran ciudad. Este artículo lo explica perfectamente, si bien no comparto las soluciones que aporta.

Por último, es muy reseñable la presencia de rocas basálticas —sílex negro en su mayoría— y de restos fósiles durante el camino, indicador de que esas tierras estuvieron sumergidas por las aguas de mares antiguos hace millones de años. No dudamos en recoger dos fósiles en los que se aprecian con total claridad la concha espiral de un caracol, por una parte, y el contorno de una hoja y posibles restos de algas marinas, por otra. Encontrar sílex en el camino supuso una feliz regresión a mi infancia, pues recordé cómo mi padre, también amante de la naturaleza y del mundo animal, me explicó hace ya bastantes años el modo primitivo de generar una fogata en caso de quedar aislado en la montaña.

La jornada terminó con 19 kilómetros a nuestras espaldas y con la sensación de haber descubierto un rincón extraordinario de la Sierra de Guara, esa montaña que tanto me recuerda a mi tierra de origen. No creo que volvamos en verano a estos parajes atestados de gente, pero de lo que sí estoy seguro es de haber redescubierto en este invierno que se está acabando el significado de la palabra «silencio». En esta vida de prisas, ruidos y sudores fríos, uno no siempre tiene la oportunidad de sentir su propia respiración sin interferencias.

El pequeño pueblo de Morrano con las cumbres nevadas de Guara como telón de fondo
El pequeño pueblo de Morrano con las cumbres nevadas de Guara como telón de fondo

Fuente de consulta: Red de senderos del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara

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2 comentarios sobre “Bierge, la gema verde de Guara

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