Huesca

Yebra de Basa, el pedestal del Oturia

Decir Yebra de Basa es decir Monte Oturia. Ya llevábamos bastante tiempo con ganas de subir a este pico, balcón extraordinario para la contemplación del Pirineo, pero no encontrábamos el momento apropiado. Hasta que se nos presentó un día de bandera, de esos que invitan a realizar larguísimos paseos por la montaña.

Llegamos muy pronto a Yebra de Basa, un pequeño municipio del Alto Gállego en el que no residen más de 200 habitantes, excelentemente comunicado y que celebra, desde tiempos inmemoriales, una romería donde los pueblos del Valle de Basa y los últimos moradores y descendientes de Sobrepuerto se encuentran en los llanos de Santa Orosia cada 25 de junio. El viejo Aragón representado en una romería de incalculable valor histórico y etnográfico.

El barranco de Santa Orosia al poco de abandar Yebra de Basa
El barranco de Santa Orosia al poco de abandonar Yebra de Basa

Precisamente, ese fue el camino que elegimos para subir hasta los 1921 msnm del Monte Oturia, enmarcado dentro del PR-HU 4. El desnivel que se ha de salvar es de unos 1000 metros, pero no lo pudimos completar en su totalidad porque no esperábamos la visita tan abrumadora de un elemento que nos fuimos encontrando a lo largo del camino en las zonas más cobijadas de los rayos solares. El camino se inicia en la ermita de Langusto, lugar donde ya pudimos apreciar las ruidosas y abundantes aguas del barranco de Santa Orosia. Al poco, la senda transcurre por una curiosa zona de cárcavas grises, un terreno margoso por el que discurrían una serie de regatos cantarines.

Zona singular de cárcavas en la primera parte del recorrido
Zona singular de cárcavas en la primera parte del recorrido

Pasadas las ermitas de las Escoronillas y As Arrodillas, el terreno comienza a empinarse sin remedio y se introduce, cada vez más, en la profundidad del barranco. El rumor del agua cada vez se hacía más patente y nos fue fácil adivinar la presencia de una cascada. Es en ese lugar donde el sendero abandona la zona de solana y se adentra en la zona de umbría cruzando el cauce del propio barranco de Santa Orosia. Pero este lugar clave del recorrido nos tenía reservada una sorpresa: un rincón lleno de frescor, exuberante, que bien podría haber sido una fotografía de postal del Pirineo. La subida por la zona de umbría también nos regaló la presencia de tramos de nieve en un estado todavía aceptable, bajo la sombra agradecida de robles y abedules.

Zonas de cascadas antes de afrontar el sendero de umbría
Zonas de cascadas antes de afrontar el sendero de umbría

El siguiente hito de este recorrido bien merece dedicarle un buen rato. No solo por la especial configuración rupestre y vertical de las ermitas de San Cornelio y de la Cueva, sino por el impresionante salto de agua —denominado la cascada del Chorro—, asombroso desde cualquier punto de vista. Pudimos leer que, en las épocas más secas del año, este recorrido se realiza casi en completa orfandad de agua; algo impensable para nosotros, teniendo en cuenta las ingentes cantidades de agua que nos encontramos en todos y cada uno de los tramos del recorrido. Estábamos cerca de los llanos de Santa Orosia, esa cubeta plana que nos regala el Oturia y que da cobijo a la iglesia de Santa Orosia, pero todavía nos quedaba afrontar un tramo espectacular por una faja de conglomerado donde se apiñan las ermitas de San Blas y Santa Bárbara.

Cascada del Chorro y Ermitas de la Cueva y San Cornelio
Cascada del Chorro y ermitas de la Cueva y de San Cornelio

No hay más de 1,5 kilómetros entre el salto de las aguas del barranco de Santa Orosia y la ermita de O Zoque, pero bien vale no hacerlo muy deprisa para deleitarse con las vistas que se abren ante nosotros: es posible contemplar todo el valle de Basa, la Peña Oroel y los picos más elevados de la Sierra de Guara sin apenas esfuerzo. Por cierto, en estos agrestes terrenos no solo encontraréis vestigios de presencia humana, sino que son apreciables los rastros que dejan los rebaños que pernoctan en los diferentes abrigos que se hunden en la roca detrítica. Último esfuerzo antes de llegar a la Ermita de O Zoque y… ¡los llanos de Santa Orosia convertidos en un inmenso mar de nieve!

Llanos de Santa Orosia, Monte Oturia y Pirineos asomando con Gabietos, Taillón, Brecha de Roldán, Casco, Pico y Cilindro de Marboré, Monte Perdido, Añisclo y Punta de las Olas
Llanos de Santa Orosia, Monte Oturia y Pirineos asomando con el Macizo de Ordesa

En O Zoque hablamos con unos senderistas que nos comentaron que unos chicos de Zaragoza no habían tenido más remedio que darse la vuelta porque se hundían hasta las rodillas. No muy lejos, pudimos contemplar la iglesia de Santa Orosia y su refugio, en segundo plano la cima del Oturia y en un grandioso tercer plano el macizo pirenaico de Monte Perdido. La cima del Oturia tendrá que esperar. Esperábamos realizar la bajada por San Román de Basa, pero nos resultó también una tarea imposible porque habíamos perdido todo rastro de las paletas indicadoras por culpa de la nieve. Resignados y sin querer retar a una nieve cada vez más blanda, descendimos por el mismo camino de subida.

El sendero de ascenso se ve perfectamente desde la faja
Vistas desde la faja: sendero por el barranco de Santa de Orosia y Yebra de Basa al fondo

El sol apretaba de lo lindo y el agua procedente del deshielo se descolgaba por las paredes de forma cada vez más evidente. El camino de vuelta por la faja fue una suerte de ducha natural que no nos terminó de venir mal del todo. La cascada del Chorro lucía esplendorosa, precipitando bastante más agua que cuando acometimos la subida. Un auténtico espectáculo de agua, nieve y sol, que se vio acrecentado por el vuelo de una pareja de milanos reales en pleno cortejo y el de un enorme quebrantahuesos. Sucedió en poco tiempo, pero fue la primera vez que contemplamos el vuelo regio y atronador de esta ave carroñera.

Espectáculo natural a la vuelta
Espectáculo natural a la vuelta

La zona de umbría en bajada se volvió un poco peligrosa, debido a que la nieve estaba totalmente pisada, sucia y nada consistente. Por su parte, el sendero de la zona de solana había sido invadido por las aguas del deshielo y se había transformado en un auténtico riachuelo. Oturia se estaba desangrando por todas sus vertientes. Llegamos a Yebra de Basa bien entrada la tarde con unas piernas que acusaban el esfuerzo provocado por un desnivel de casi 700 metros de subida y bajada. Si bien es cierto que no pudimos siquiera llegar hasta la iglesia de Santa Orosia y su refugio por la acumulación de nieve en la parte final, el Oturia nos invitó a plantear una segunda visita que, seguro, merecerá la pena. Por algo es uno de los balcones más privilegiados para contemplar el Pirineo oscense.

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3 comentarios sobre “Yebra de Basa, el pedestal del Oturia

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