Huesca

Tella, leyenda viva del Pirineo

Un viejo aforismo sentencia: «Tella, Dios nos guarde de ella». Son numerosas las leyendas e historias sobre brujas, aquelarres y ritos contrarios a la férrea ortodoxia cristiana en todo el territorio pirenaico. Tella, evidentemente, no podía ser una excepción dado su especial emplazamiento en la cordillera pirenaica.

Esta aldea del Sobrarbe se levanta a 1380 msnm —a las puertas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido— y su aislamiento secular propició que sus habitantes desarrollaran un estilo de vida bastante diferente al que se daba en los valles.

Su apego por la tierra y su amplio conocimiento de los recursos naturales pirenaicos fue motivo suficiente para que la rancia moral cristiana los acusara de brujería.

No obstante, el simbolismo pagano y la superstición siguen aún vivos en buena parte de los territorios altoaragoneses con la presencia de chimeneas coronadas por los célebres espantabrujas o aldabas formadas por partes de animales, como pezuñas de jabalí, colocadas estratégicamente en las pesadas puertas de estos pueblos de montaña.

Tella, auténtico pueblo de montaña pirenaico
Tella, auténtico pueblo de montaña pirenaico

A este precioso pueblo de montaña pirenaico se llega a través de una estrecha carretera que sortea lo abrupto del terreno a través de constantes lazadas y curvas de herradura. No había otra forma de superar los más de 600 metros de desnivel que separan a Hospital de Tella, situada en el fondo del valle a orillas del río Cinca, de la propia aldea de Tella.

Los 21 habitantes censados en el último padrón de 2013 se deben quedar en nada en comparación con la cantidad de visitantes que recibe esta singular aldea sobrarbrense. Eso mismo nos sucedió el día que decidimos visitar Tella con unos amigos: el sendero estaba a rebosar y no era para menos, ya que se trataba de un festivo, el sol campaba a sus anchas y este recorrido, exento de dificultad, se puede completar tranquilamente en una hora.

Vistas por el camino hacia el Puntón de las Brujas
Vistas por el camino hacia el Puntón de las Brujas

El pequeño caserío de Tella se alza el abrigo de una imponente mole rocosa que protege a la población de los gélidos vientos de tramontana y se conforma en torno a una calle única. La ruta hacia las ermitas de Tella parte desde el propio pueblo junto a la iglesia de San Martín, de recia factura y levantada en el siglo XVI.

Entre espesos bojes y altivos pinos silvestres se llega en poco tiempo al rincón más sobrecogedor de la ruta: el Puntón de las Brujas. Esta atalaya rocosa constituye uno de los balcones naturales más privilegiados del Pirineo aragonés: la sierra de las Sucas, las Tres Marías, el macizo de Monte Perdido, la garganta de Escuaín, el Castillo Mayor y, un poco más lejos, la Punta Llerga o la Peña Montañesa, todo a nuestro alcance.

Ermita de San Juan y Pablo enclavada en un lugar de infinita belleza
Enclave de infinita belleza: ermita de San Juan y Pablo en el Puntón de las Brujas

En este tozal, nos topamos con la ermita románica de San Juan y Pablo, en lo que se considera uno de los retratos sentimentales más poderosos del patrimonio aragonés. El que haya puesto sus pies alguna vez sobre esta verde pradera sabrá de lo que estoy hablando.

Esta ermita, la más antigua de la comarca del Sobrarbe, se consagró en el año 1019 y fue la primera de las tres que se levantó para sacralizar este «herético» rincón pirenaico. Al poco de retomar la marcha se llega a la ermita de Fajanillas, la más reciente, construida en el siglo XVI. Cuenta con una curiosa torre con aspilleras que confiere cierto carácter defensivo a este edificio religioso, no en vano, desde su posición se domina buena parte del valle del Cinca.

La última de las ermitas es la de la Virgen de la Peña, levantada en el siglo XIII en bóveda simple de medio cañón. Desde este mirador privilegiado, es posible contemplar gran parte del alto valle del Cinca, la formidable mole de la Peña Montañesa, la herida en la tierra formada por el río Yaga en la garganta de Escuaín y la figura omnipresente del Castillo Mayor.

La ermita de Fajanillas en posición dominante
La ermita de Fajanillas en posición dominante
La ermita de la Virgen de la Peña en primer plano con la de Fajanillas detrás
La ermita de la Virgen de la Peña en primer plano con la de Fajanillas detrás
Panorámica del recorrido desde la Ermita de la Virgen de la Peña (pinchar para ver ampliada la imagen)
Panorámica del recorrido desde la Ermita de la Virgen de la Peña (pinchar para ver ampliada la imagen)

Después de contemplar el mayúsculo paisaje que acoge esta tríada de ermitas es hora de volver a Tella por un camino bien trazado entre bancales y prados, que todavía algún pastor utiliza para subir a sus reses a los pastos de montaña. Las palabras, en este punto, se quedan muy pequeñas, tan pequeñas como nos sentimos al pisar este territorio lleno de magia del Sobrarbe.

Se respira misticismo y grandeza a partes iguales, y cualquier descripción del lugar se queda corta en comparación con lo que se experimenta al estar allí. Por cierto, no os vayáis sin rendirle una visita al celebérrimo dolmen de Tella o Losa de la Campa, un monumento funerario megalítico del siglo IV a. C., que nos deja bien claro que este territorio pirenaico está habitado desde los albores de los tiempos.

Este dolmen nos habla de antiguos moradores del Pirineo
Losa de la Campa y Castillo Mayor

Para ampliar información: el Tozal de las Brujas.

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