Zaragoza

El hayedo de Peña Roya, el bosque encantado del Moncayo

Estoy seguro de que el hayedo de Peña Roya es uno de esos caminos donde el senderista encontrará matices muy dispares cada vez que decida recorrerlo. La desnudez del invierno en nada se asemeja a las tonalidades ocres y rojizas del otoño o el verde intenso de bien entrada la primavera.

Las hayas son unos árboles con muchísima personalidad, de naturaleza muy cambiante, que compiten ferozmente para aprovechar el más mínimo resquicio de luz solar.

Solo el guillomo y el acebo, junto con multitud de líquenes, conviven en este sendero con el haya, que se muestra poderosa y dominante. Un hayedo en pleno apogeo primaveral es sinónimo de sombras, contrastes, claroscuros, en suma, un fascinante espectáculo natural. Precisamente eso fue lo que nos encontramos el día que decidimos ascender de nuevo a nuestro querido Moncayo.

Inicio del sendero circular S1
Inicio del sendero circular S1

Era uno de esos días grises que el Moncayo, imponiendo su propia ley, convierte en extremadamente húmedos por la retención constante de nieblas y nubes bajas. La lluvia, en su lento y dulce precipitar, calaba todo cuanto encontraba a su paso. Hordas de babosas negras hacían acto de presencia en cualquier recodo del sendero en busca de la preciada humedad.

Espesura del bosque de hayas
Espesura del bosque de hayas

Sumidos en el silencio, solo interrumpido por el canto lejano de algún pajarillo, iniciamos este recorrido, fascinados por el panorama que se abría ante nosotros. Creímos estar en un bosque encantado, de esos que solo encuentras en películas de temática fantástica. Pero no era una ensoñación, sino una experiencia muy real en un entorno de fábula.

Árboles fascinantes, ¿verdad?
Árboles fascinantes, ¿verdad?

Las ninfas, ocultas en la espesura del hayedo, lograron embrujarnos mientras caminábamos absortos por un sendero donde la boira se había adueñado de cada rincón. Precisamente fue esa bruma la que nos impidió contemplar el somontano zaragozano del Moncayo, sus cumbres, el santuario… Nada de eso estuvo a nuestro alcance, en una suerte de abducción en plena montaña. El propio hayedo, celoso y avasallador, solo nos permitió apreciar su belleza rotunda y encanto virginal, en una paleta de colores saturada de claroscuros como si se tratara de un paisaje del mismo Caravaggio.

Lluvia constante, niebla constante
Lluvia constante, niebla constante

Por si fuera poco el encanto de este espacio natural, habría que añadir que el que camine a su abrigo, lo estará haciendo por uno de los hayedos más meridionales de Europa. ¿Acaso se le puede pedir algo más a esta ruta? Sí, y es que pasamos por las ruinas de una antigua ermita en el prado de Santa Lucía, los restos de un antiguo nevero y conocimos una muestra exquisita de bosque atlántico a menos de una hora de casa.

Paisajes de cuento en pleno Moncayo
Paisajes de cuento

Que el Moncayo es algo más que su cumbre queda suficientemente demostrado con esta y otras muchas rutas que permiten descubrir sus cautivadores pisos de vegetación. El hayedo de Peña Roya ha sido un feliz descubrimiento, uno más en nuestra querida montaña mágica.

Hechizo
Hechizo

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3 comentarios sobre “El hayedo de Peña Roya, el bosque encantado del Moncayo

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