Soria

Moncayo soriano, la ruta oculta hacia la cima

Sea cual sea el recorrido, el Moncayo es una montaña que a nadie deja indiferente. En cualquier estación del año siempre ofrece sensaciones diferentes y experiencias muy vivas. Nosotros, esta vez, decidimos ascender a su cumbre remontando la vertiente soriana, una ruta que nos dejó completamente fascinados por su inmensa variedad de contrastes.

Si la vertiente aragonesa suele ser una auténtica romería de senderistas y caminantes de cualquier pelaje, condición o estado físico, las laderas sorianas suelen ser el refugio de otros andarines, más proclives a los paseos solitarios y apacibles.

La excursión se inicia en el pueblecito soriano de Cueva de Ágreda que, parece ser, tiene los suficientes argumentos para no ser un simple lugar de paso. A unos 1300 msnm, iniciamos la ascensión por una vereda que se adentra en un fresco robledal cuyo sotobosque se halla colonizado, casi por completo, por espesos matorrales de jaras. Durante al menos dos tercios del recorrido, caminaremos junto a las gélidas aguas del río Trasmoncayo, que nace a unos 1800 msnm en pleno barranco del Colladillo, es decir, nuestra vía de acceso a la cumbre.

El Trasmoncayo bajaba con buen caudal
El Trasmoncayo bajaba con un buen caudal

Al poco de abandonar la deliciosa sombra del robledal, nos encontramos con un paraje prácticamente desnudo de árboles y que, por contra, presentaba una vegetación arbustiva muy densa, especialmente de retama común. También nos cruzamos con algunas dedaleras y algún que otro clavel silvestre que aportaban la nota de color ante semejante explosión de tonalidades verdes y amarillas.

Senda muy llevadera al poco de abandonar el robledal
Senda muy llevadera al poco de abandonar el robledal; Moncayo al fondo

Poco tienen que ver con el entorno natural los restos de aeronaves siniestradas —concretamente los restos de una turbina y fuselaje de un avión— que podemos contemplar en la otra margen del arroyo Trasmoncayo. Estos y tantos otros restos de aviones han dado lugar a muchas habladurías, basadas en teorías poco científicas, pero todo parece tener una explicación más mundana. Los que conocemos el Moncayo sabemos cómo se las gasta el clima de esta montaña a altitudes considerables: el viento azota con una fuerza atroz, las nieblas densas suelen ser bastante frecuentes y en invierno las condiciones climatológicas pueden llegar a ser realmente extremas (solamente hay que ver las temperaturas que se alcanzan en el Pico San Miguel en plena estación invernal).

El barranco del Colladillo tapizado de verde
El barranco del Colladillo tapizado de verde

Tras superar estos restos aeronáuticos fuera de contexto, el camino gira a los pocos minutos hacia la derecha y remonta una canal de piedras que puede resultar bastante agónica para según qué piernas y pulmones. A través de este particular camino de pedruscos se alcanza el collado cimero del Alto de las Piedras a 2252 msnm. En este punto del trayecto y a punto de culminar la ascensión, nos mezclamos con la procesión procedente de la vertiente aragonesa compuesta por padres, hijos, peñas de amigos en camisetas de tirantes y adolescentes en pantalón corto. Todo por echarse una foto sobre el vértice geodésico de esta mítica cumbre, aunque los partes meteorológicos de montaña señalaran a esas horas una temperatura de 7 °C y sensaciones térmicas cercanas a los 0 °C.

Canal con acusada pendiente; Ólvega al fondo
Canal con acusada pendiente; Ólvega al fondo
A punto de experimentar la sensación térmica más baja de la jornada
Poco antes de ser engullidos por las nubes

Antes de alcanzar los 2315 msnm de la cumbre moncaína, pudimos deleitarnos con la frenética aparición de nubes bajas por el Collado Castilla que, empujadas por el cierzo moderado, abandonaban la montaña por el Collado del Alto de las Piedras y la vecina cumbre de Morca. Tras recargar nuestras baterías y gozar de las incomparables vistas hacia cualquier punto de las provincias de Zaragoza, Huesca y Soria y las comunidades de La Rioja y Navarra, decidimos emprender el camino de bajada por el Collado Castilla con Peña Negrilla al frente y no recorrer el camino de ida. Decisión acertada, a pesar del cansancio que íbamos a acumular en las piernas. El descenso desde el Pico Moncayo hacia el Collado Castilla se efectúa a través de una senda de pizarras que, por momentos, no es nada evidente. Hay una serie de hitos colocados verticalmente con el objetivo de despuntar en este desierto de roca parda y amarilleada por los líquenes. En poco más de un kilómetro hay que completar unos 400 metros de desnivel descendentes, así que no pudo haber mejor calentamiento para nuestras piernas acostumbradas a subir.

Así se ve Cueva de Ágreda desde la cima
Cueva de Ágreda y la Sierra del Tablado parecen diminutas desde la cumbre del Moncayo

En el Collado Castilla, a unos 1850 msnm, descendimos también en franca pendiente hasta dar con las señales del GR 86 soriano en pleno barranco del Colladillo. No hay pérdida en este descenso porque siempre contamos con la referencia, en primer término, del propio barranco y, en segundo plano, del pequeño pueblo de Cueva de Ágreda. La bajada, en este punto, hemos de realizarla obviamente por el mismo camino de ida. Casi 15 km de después y después de haber superado algo más de 1000 metros de desnivel tanto de subida como de bajada, llegábamos al pequeño prado donde habíamos aparcado el coche de buena mañana. Una buena opción antes de marchar es remojar los pies en las glaciales aguas del Trasmoncayo (frías, muy frías, de verdad), siempre y cuando hagamos esta ruta en las estaciones del año donde las temperaturas sean más benignas.

Panorámica inmensa del Moncayo desde el Collado Castilla
Inmensa panorámica del Moncayo desde el Collado Castilla

Mientras disfrutábamos de un merecido descanso a la orilla del arroyo, coincidimos en que había sido un recorrido espectacular: diverso, intenso y muy montañero. De los que enganchan. Habíamos cruzado un espeso robledal adornado con jaras, disfrutado del placentero discurrir de un río que jamás se ha secado según las gentes del lugar, ascendido por una canal de piedras completamente expuestos a la canícula y rodeados de vegetación alpina, experimentado el frío intenso con la furiosa llegada de nubes en el collado cimero, comprobado que, por momentos, el viento no sopla en la cumbre del Moncayo, descendido a un solitario y cautivador Collado Castilla y sufrido un agobiante calor en el último tramo del descenso. Todo eso en una sola jornada. ¿Qué más pueden pedir unos caminantes que solo desean vivir sensaciones únicas en la montaña?

Hasta otra, Moncayo soriano

Ruta completada:
Ruta clásica al Moncayo por Cueva de Ágreda

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