Zaragoza

Mezalocha, el descanso del Huerva

Nos cuesta valorar lo que tenemos cerca. Hay tantísimo por conocer en esta tierra que ignoramos lo que tenemos prácticamente en la puerta de casa. Son menos de 10 minutos lo que tardamos en llegar a Muel, lugar de inicio de esta interesante excursión.

Olivares a la entrada de Mezalocha
Olivos a la entrada de Mezalocha

Salimos desde su parque municipal, ese lugar donde se puede admirar una de las presas más grandes del mundo romano y en cuyo vaso colmatado se levanta la ermita de Nuestra Señora de la Fuente donde un Goya veinteañero dejó su impronta en forma de pinturas murales en las pechinas de la cúpula. Poquitos pueblos pueden presumir de tanto patrimonio en tan poco espacio.

Nos acercamos al pantano entre vides
Nos acercamos al pantano entre vides

El tramo entre Muel y Mezalocha que recorrimos forma parte del PR-Z 23, bautizado como «Senderos de Goya», que une Zaragoza con Fuendetodos, lugar de nacimiento del pintor aragonés. Todo el recorrido se enmarca dentro del ZEPA «Río Huerva y las Planas», de hecho, este sendero pasa prácticamente por la puerta de nuestra casa en María de Huerva. Y nosotros sin saberlo.

Aguas tranquilas
Aguas tranquilas

La dificultad es nula, ya que se transita por caminos rurales anchos y perfectamente delimitados. El paisaje está plenamente humanizado, pues son muchas las huertas, los campos y las acequias que jalonan el tramo entre Muel y Mezalocha, aprovechando hasta la última gota de agua. El terreno estepario se impone, la dureza de la tierra se manifiesta con remolinos de polvo, los horizontes se dibujan quebrados en el agreste pueblo de Mezalocha.

Caminamos entre roca y agua
Caminamos entre roca y agua

En los escarpados cantiles al este de Mezalocha se remansa el Huerva, ese río ignorado que cede su exiguo caudal al Ebro por su margen derecha, a poco más de un kilómetro aguas abajo de la Basílica del Pilar de Zaragoza. En esas paredes verticales, en la Peña del Moro, Rabadá y Navarro desafiaron a la verticalidad y soñaron con grandes escaladas.

Contrastes
Contrastes

El pantano de Mezalocha presentaba un aspecto envidiable, con unas aguas de color esmeralda que invitaban al baño. Mientras recorríamos el PR-Z 45 que bordea el embalse, un piragüista recorría en soledad la lámina verdosa sin inmutarse.

El piragüista disfrutando de su particular paseo
El piragüista disfrutando de otro tipo de paseo

El de Mezalocha es un embalse que recoge los excedentes de agua del pantano de las Torcas, ubicado este último en Tosos. Esta última primavera ha sido muy generosa, por lo que el aspecto del pantano no podía ser otro.

Mirada hacia la cola del pantano
Mirada hacia la cola del pantano; el piragüista sigue a lo suyo

En verano es otro cantar, pues las elevadas demandas de riego de la zona agotan completamente las reservas de este pantano. Quizá la Huerva es un río demasiado humilde para colmar las expectativas de este mundo moderno.

Desembocadura del Barranco del Hocino: esto no estaba previsto
Desembocadura del Barranco del Hocino: ¡esto no estaba previsto!

También pudimos contemplar los vuelos frenéticos de aviones roqueros, de un solitario alimoche, de buitres leonados y colonias inmensas de golondrinas. ¡Qué espectáculo nos brindaron!

Filigranas en el aire de esta pareja de aviones roqueros
Filigranas en el aire de esta pareja de aviones roqueros

La vuelta la emprendimos por el maravilloso camino de ribera abierto por los amigos de Volunta-Ríos Aragón. No se puede calificar de otra forma. Su labor callada de sensibilización medioambiental es todo un ejemplo para los que amamos la naturaleza (por cierto, recomiendo encarecidamente acompañarles en alguna de las salidas que organizan anualmente en primavera por las huertas y sotos de Zaragoza). Desde aquí, mi reconocimiento.

Si los que vivimos en Aragón hablamos del viento es por algo...
Una imagen vale más que mil palabras: lo del viento en Aragón no es metafórico

Pasear y admirar la ribera del Huerva de camino a Muel es una delicia. Pasear tan cerca del río te hace sentir como un jabalí que acude a calmar a su sed al río o una jineta que busca a su presa en el anonimato que le da la noche. Eres uno más.

Frescura
El Huerva en estado natural

Pisamos la alfombra algodonosa dejada por los Populus nigra y alba, chopos y álamos que conforman unos bosques en galería frondosos y llenos de frescura. Su sombra nos da la vida, pues el sol empieza a hacer pupa sobre nuestras cabezas. Y pensar que hace unas horas estábamos pisando la más pura estepa…

Semillas de "algodón" de Populus nigra
Semillas de “algodón” de Populus nigra
Troncos de Populus alba
Troncos de Populus alba

Llegamos a Muel con la sensación de que la Huerva nos había hecho un regalo. No es nada común poder recorrer las entrañas de un río, un lugar prácticamente vetado a la presencia humana, donde los animales se hacen fuertes en la intimidad que les proporciona la exuberante vegetación.

La selva del Huerva
La selva del Huerva

La recompensa final fue tomar algo fresquito en el parque municipal de Muel escuchando el estruendo primaveral de las cascadas del Huerva. Y parecía que este recorrido de media jornada no tenía mucho que ofrecer…

Ruta completada:

Muel-Embalse de Mezalocha-Muel (Ruta que se puede hacer parcialmente circular. Si se hace en primavera, conviene tener en cuenta que el caudal del río Huerva podría cerrar algunos pasos. El sendero fluvial abierto por Volunta-Ríos está señalizado con marcas azules y blancas)

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